Si una herida se abre, es que nunca llegó a cerrase

Si el pasado fuera pasado y no afectara al presente o al futuro, no tendría sentido lo que está pasando con la exhumación del Dictador Francisco Franco del Valle de Los Caídos. No olvidemos, un mausoleo estatal en recuerdo de las personas que cayeron por España, pero Franco no cayó por España, murió a los 82 años a causa de una insuficiencia cardíaca.

Francisco Franco fue un dictador que ascendió al poder de la nación tras el Golpe de Estado ocurrido en Julio de 1.936 tras la sublevación del Ejército contra un gobierno legítimamente constituido y emanado de la soberanía popular tras las elecciones democráticas que dieron el gobierno al Frente Popular, último gobierno de la Segunda República. Lo que vino tras el Golpe de Estado una guerra civil donde se enfrentaron dos bandos: el Republicano (que contaba con la legitimidad de las urnas) y el Franquista (también llamado nacional pero fruto de la sublevación militar).

Esto es y debería ser parte de la Historia de España, una de las más negras por la que ha pasado este país, donde se abrió una profunda herida y que tras la Transición Española quiso cerrarse con mucho esfuerzo, pero casi sin ningún resultado.

En un país democrático con 40 años de libertad tendría que estar asumido esta parte de nuestra Historia, quizá la más negra de los últimos siglos, pero a la vista está que aún hay heridas que parecen abiertas, y que para ciertos sectores no parece quedar en el pasado cuando aún hay voces que se alzan en contra de una exhumación pidiendo respeto para un Dictador y uno de los genocidas más sangrante de la Historia Contemporánea Europea (si fuera pasado poco importaría donde estuviera enterrado).

Una herida queda abierta cuando no se sutura bien, y precisamente eso pasó en la Transición y en estos años de Democracia. Si Franco supuso una vergüenza para España, imaginemos lo que supuso Hitler, Mussolini o Salazar en Alemania, Italia o Portugal, respectivamente.

Pero aquí encontramos la primera diferencia, mientras en Alemania o Italia las Dictaduras fueron derrocadas tras la Segunda Guerra Mundial con la derrota de los Fascismos; y en Portugal fueron sus militares y sociedad civil quienes dijeron basta y se sublevaron contra la Dictadura de Salazar con la Revolución de los Claveles; en España el Dictador y Genocida murió en su cama, con los mejores cuidados, con un funeral de Estado y con un Mausoleo de Estado, con tratamientos de Alteza.

Y lo peor, es que aún hoy, 40 años después hay quien se niega a reconocer esta parte de la Historia y pretende dejar el pasado como está pasando de puntillas sin devolver la dignidad a España.

Frente a un Mausoleo, el Valle de Los Caídos, donde se sigue rindiendo pleitesía a uno de los fascistas que bajo un régimen totalitario mantuvo bajo su yugo a todo un pueblo, en Alemania se destruyó cualquier simbología nazista, la política de desnazificación de Alemania tras la guerra fue brutal recién acabada la guerra. Lo que sí existe en Alemania es El Museo Judío, a pasos del Checkpoint Charlie —el cruce más famoso entre Berlín este y oeste— con La Torre del Holocausto donde se narra parte de esta Historia Negra, además, por todo Berlín, existen pequeñas placas de latón de 10×10 centímetros insertas en el pavimento para recordar con nombre, fecha y lugar de deceso a las víctimas del nazismo. Los llamados Stolpersteine fueron creados por el artista alemán Gunter Demnig, y hoy hay unos 17 mil de ellos en distintas ciudades del país.

Alemania no olvidó su pasado, como parte de la historia, intentó superarlo e intentó dignificar a un país tras sus años más sangrientos.

Sin embargo, en España, cada vez que se intenta dignificar la memoria de este país aparecen voces que bajo la premisa de no reabrir heridas intentan no remover el pasado. Cuando una herida está cerrada no vuelve a abrirse y quizá lo más preocupante es que los restos de Franco no sólo están en el Valle de los Caídos.